Es la última habitación de la casa, casi metida entre las plantas del patio. Por dentro parece el cuarto de un leñador, con un colchón mal tapado por unas sábanas y las pocas cosas necesarias para vivir desparramadas por ahí. Uno de los lados es pura ventana; bajo la ventana, la mesa de trabajo con la computadora y otras cosas. Un par de libros. Media luz.
Todo parece decirnos que estamos en un bosque y no en la ciudad, que la noche será cerrada y no habrá ganas de salir.