7.31.2006

Subte hacia Catedral; luego de un intento de trámite, vuelta por Corrientes-Florida. Están las estatuas vivientes, los niños de bandoneón, los que dibujan en un mosaico.

Pero hay uno que es una novedad muy singular. Una suerte de mago de Oriente; sostiene un disco blando sobre un eje y lo echa a rodar, lo hace saltar, gira él mismo con el disco. Una vez que termina el acto (que en sí no difiere de muchos otros), lentamente vuelve a poner una máscara sobre su rostro, inclina la cabeza hacia abajo y se sienta con sumo cuidado sobre la calle. Permanece con la cabeza baja y los brazos cerrados sobre su cuerpo hasta que alguien arroja una moneda en el plato que tiene junto a él. Entonces empieza de vuelta el número.